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Novela Gótica: la construcción del monstruo en Drácula

agosto 20, 2021

La literatura gótica es aquella que nace como reacción ante la mentalidad racional de una época; a mediados del siglo XVIII surge un cambio en la sensibilidad occidental, lo que permitió que nuevas formas de concebir la belleza permearan el canon artístico del momento. Esto quiere decir que las vivencias relacionadas con el dolor, lo grotesco y lo terrible ganaron terreno en la creación literaria y le dieron paso a la experiencia de lo sublime.

          Lo gótico está relacionado con lo decadente, bárbaro y no civilizado; las ruinas y su carácter arcaizante se introducen en la novela para representar de esta manera la irrupción de la decadencia en la supuesta sociedad progresista y de consumo. La literatura gótica es, por antonomasia, aquella que refleja todas las represiones y la doble moral que infectaban a la Europa de esos años, a través de lo sórdido, lo sangriento y lo terrorífico.

Esta literatura posee una estructura que se derrumba, de horribles escenarios, de sentimientos prohibidos y caos sobrenatural. Es por ello, que el gótico quiere de alguna manera subvertir las normas del Racionalismo, ensalzando elementos sobrenaturales y elementos inhumanos. Presenta esta literatura un esplendor en ruinas, un hermoso caos que el lector asimila desde el comienzo de cualquier novela con estética gótica. (Sandín Sánchez s.f.)

En este escenario aparece Drácula, donde las características de lo gótico han penetrado toda su esencia. Primeramente, la construcción de los escenarios habitados por la terrible criatura están constituidos en su mayoría por ruinas; el conde habita en un castillo de antaño, el cual se encuentra rodeado por una naturaleza abrumadora y salvaje: “En los Cárpatos se creaba una impresionante visión: rocas como colmillos y peñascos como dagas afiladas” (Stoker, 2007: 30)

 Así mismo, los muebles y los artefactos que adornan la mansión corresponden a épocas pasadas: “Me paré un momento a examinar el preciado metal; aquel oro tenía más de trescientos años. También había cadenas y ornamentos, algunos con piedras preciosas, pero todos muy antiguos y deteriorados” (Stoker, 2007:77).

La presencia de lo sobrenatural se manifiesta de manera reiterativa durante el transcurso de la obra; por ejemplo, el conde posee la cualidad de cambiar de forma según le apetezca, de hecho, transformarse en niebla es una de sus conversiones preferidas. La niebla representa el carácter fantasmal del monstruo, además de su correspondencia semántica con aquello que es difuso, misterioso y onírico. Del mismo modo, la niebla impide a los hombres la correcta visión de su entorno y los induce en un trance somnoliento.

Las negras sombras provocadas por la luz de la luna parecían llenas de un misterio que imponía. No se movía ni una hoja. Todo parecía enigmático e inevitable, como la muerte o el destino. Tan solo una línea blanca de niebla avanzaba, muy lentamente por entre los árboles. (Stoker, 2007: 276)

 La aparición de la sangre en Drácula funciona como hilo conductor de la trama, pues es esta la que causa la experiencia terrorífica en los personajes y en el mismo lector; la sed insaciable del monstruo es la que lo lleva a cometer los actos más grotescos, violentos y repulsivos.

Cuando mi mente diga “¡Ven!”, tú te desvivirás por cumplir mi mandato. Pero para que todo ello se cumpla, ¡bebe de mi sangre! Dicho esto, se rasgó la camisa y con sus largas y afiladas uñas se abrió una vena del pecho. Cuando la sangre empezó a brotar, con una de sus manos, me cogió las mías, sujetándolas fuerte y con la otra asió mi nuca, llevando mi boca a su herida, de forma que bebía o moría de asfixia. (Stoker, 2007: 291)

Junto con lo sangriento y lo monstruoso, se entrelaza el elemento de lo erótico. En Drácula, la experiencia del horror se vincula con lo seductor y lo fascinante; el mismo conde, aún con su aspecto imponente y macabro, resulta atractivo ante los ojos de sus víctimas. Las imágenes del cuello y de la boca  (esta generalmente voluptuosa), invitan al atacado a sucumbir ante el hechizo del atacante. La relación entre lo grotesco y lo sensual manifiesta los deseos más profundos de una sociedad sexualmente reprimida.

Entonces pude ver cómo bajo sus labios color escarlata asomaba la saliva sobre su roja lengua que se deslizaba por entre unos afilados colmillos. Su adorable cabeza empezó a descender hasta que sus labios se pararon a la altura de mi barbilla, como si deseasen aferrarse a mi cuello (…) Sentí que mi piel se estremecía al contacto con su carne, que cada vez se aproximaba más. Mi garganta estaba hipersensible a aquel suave y excitante roce de sus labios, al contacto de unos dientes afilados que parecían penetrar en el interior de mi cuello antes de que lo tocaran. Se detuvieron y entonces yo cerré los ojos totalmente abandonándome al placer y esperé… esperé con el corazón palpitante. (Stoker, 2007: 67)

Sobre la represión de la época victoriana, Óscar Sandín Sánchez (s.f) en su ensayo sobre Drácula plantea lo siguiente: “Si analizamos someramente la sociedad victoriana desde la perspectiva sexual, nos encontramos la existencia de una inequívoca doble moral, en la que el puritanismo y la prostitución se entremezclan en el Londres del siglo XIX. Como dato, en esta ciudad había unas dos mil prostitutas. El puritanismo y la doble moral son propias de la época”. De esta manera, se puede comprender el origen de un monstruo como Drácula, que sin duda es un personaje que desborda erotismo y sensualidad al igual que sus compañeras vampiras, quienes parecen ser extensiones del mismo conde.

Para analizar al conde, hay que tener en cuenta que Drácula es una novela de género memorialístico1, donde el monstruo se construye a través de la percepción de quienes escriben en sus cartas o diarios, sin embargo, no se presenta durante el transcurso de la obra un narrador omnisciente objetivo, el cual describa al milenario vampiro. Esto quiere decir que la enigmática criatura está mediatizada por la visión de cada personaje desde la subjetividad, donde influyen la profesión, el género y la edad de cada una de las víctimas y testigos.

En otras palabras, el conde es un monstruo que se muestra diferente en cada uno de los diarios pues, los personajes, dependiendo de sus temores o deseos, interpretan la experiencia terrorífica. Así mismo, es importante destacar que el conde Drácula aparece de manera explícita solo en algunos capítulos, del resto, la presencia del vampiro es más bien una sombra amenazadora que permanece en un segundo plano.

El conde Drácula es una figura decadente; su propia condición de criatura inmortal lo vincula de manera directa con el pasado y con las ruinas que deja el paso del tiempo. De hecho, el mismo vampiro es el artefacto más antiguo de su colección, rodeado además de un ambiente rural y arcaico, habitado por gentes supersticiosas. No hay duda de que el vampiro es peligroso, no obstante, resulta atractivo. Lo mismo acontece con aquello que es decadente, bárbaro y salvaje; el ser humano está consciente de que esto corrompe el progreso y el sistema de una sociedad, sin embargo, por esta razón es que resulta seductor.

Está claro que estos seres estremecedores y atractivos al mismo tiempo, no son solo resultado de una demanda meramente comercial, sino de las necesidades de los escritores de personificar angustias, miedos, aspiraciones y temores que han acompañado al ser humano durante la historia. Es más, los monstruos existen realmente, son seres que toman vida propia en nuestra mente y se manifiestan en el ámbito intelectual al principio, y más tarde en el ámbito sensorial. Podría decirse que lo gótico explora el universo de lo irracional, la parte más vulnerable de la Ilustración. (Sánchez-Verdejo, s.f: 34)

En conclusión, Drácula es una novela gótica donde se manifiesta una repulsión contundente hacia el racionalismo y el positivismo de la época. De esta manera, los deseos y los temores de una sociedad reprimida están representados en la figura del inmortal conde. Los monstruos son manifestaciones de la mente humana y su existencia se remonta hacia los inicios de la vida misma, pues en ellos está reflejado todo lo indómito y enigmático del pensamiento.

[1] Pozuelo Ivancos, J. M. (2006). De la autobiografía. Teoría y estilos. Barcelona: Editorial Crítica.

Bibliografía.

-Verdejo Pérez, J. (s.f) Lo Gótico: semiótica, género, (est) ética. Universidad Nacional de Educación a Distancia.

-Sandín Sánchez, O. (s.f)  Drácula: héroe romántico. Academia isla: Salamanca.

Stoker, B. (2007) Drácula. Brontes, S.L: Barcelona.

Fundadora de El Banquete. Licenciada en Letras (Universidad Católica Andrés Bello), ha redactado para varias páginas web y participado en distintas ponencias sobre literatura y cultura. Estudiante de piano, emprendedora, amante del conocimiento, la lectura, el arte y promotora de un estilo de vida saludable.

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  1. Anthonypex

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